¿UN
“EVENTO TUNGUSKA” EN LA ARGENTINA?
(Una
interpretación personal de las pinturas rupestres de la “Gruta del
indio”)
Por: Héctor Amuedo (Miembro de la “Red de
Observadores del Uruguay” y del grupo astronómico “47 del Tucán”) Este trabajo fue
presentado a la Décima Convención de la Liga Ibero Americana de
Astronomía realizada en septiembre de 2003 en Villa Carlos Paz,
Córdoba,
República Argentina.
Hace algunos días y
merced a la gentileza del Sr. Antonio Bachi, Editor de la revista “Red
de Observadores del Uruguay”, quien me prestó el ejemplar Nº49
(abril de 2002) de la revista “Universo” de la LIADA, leí, entre
muchos artículos valiosos, uno particularmente interesante sobre
Arqueoastronomía escrito por el Sr. Andrés Risi del Museo Municipal de
Historia Natural de San Rafael, Mendoza – Dpto. de Astronomía,
miembro, asimismo, del Instituto Copérnico y de la Asociación de
Astronomía del Sur Mendocino. En dicho trabajo, titulado “Posibles
objetos astronómicos en pinturas rupestres al sur de Mendoza (estudio
preliminar)”, que puede encontrarse en la página 6 del citado
ejemplar de “Universo” y que, de acuerdo a lo que expresa el Dr.
Jaime García en su Editorial (pág. 2), fue presentado en la Novena
Convención de LIADA, realizada en Asunción del Paraguay en el mes de
octubre de 2001, el Sr. Andrés Risi nos informa de la existencia de
representaciones de constelaciones y otros objetos celestes en pinturas
rupestres datadas por métodos indirectos, esto es, por datación de
objetos arqueológicos hallados en su entorno (maíz, tejidos y vasijas,
restos humanos, etc.) como pertenecientes al siglo primero antes de
Cristo. Dichos dibujos se encuentran sobre una pared que mira al norte a
través de la entrada de una excavación natural denominada “Gruta del
indio”. El texto no aclara que tan profunda es la gruta, es decir, si
podría considerarse una
“cueva”. No cabe duda, sin embargo, que es lo suficientemente
profunda como para que las pinturas hayan evitado el deterioro debido a
fenómenos meteorológicos y contacto humano durante 2000 años.
Risi propone, a mi
juicio con total acierto, que en el mural aparecen representadas las
constelaciones de Orión y el Can Mayor, así como una luminaria que sería
la Luna (¿o el Sol?) circundada por
un halo. A mi juicio la figura del “can” sería en realidad
la de un coatí (Para explicar el hecho de que el “Can” esté
dibujado “al derecho” y no invertido, tal como lo vemos desde el
Hemisferio Sur, Risi recurre a una idea ingeniosa: como la constelación
no se ve desde la pared de la gruta, el dibujante debería dar unos
pasos hacia atrás y al asomarse al “alero” y mirar el cielo, sin
darse vuelta, vería el perro al derecho. Dicha explicación tiene
muchas probabilidades de ser cierta. Sin embargo, yo sospecho que, tal
vez, la constelación esté dibujada tal como se ve desde nuestra posición
sureña, sólo que “construída” de manera diferente. El detalle que
me hace pensar tal cosa, es el notable punto blanco en la punta de la
cola del animal, separado claramente del resto de la misma: ¡Quizás
sea Sirio! En cuanto a la cabeza del cuadrúpedo- coatí, zorro, o, tal
vez, realmente un perro- estaría formada con las tres estrellas con las
que nosotros habitualmente construímos su cola. Las tres “patitas”,
muy cortas, se trazarían, arbitrariamente, con estrellas tenues de la
zona. La coincidencia en dibujar también un cuadrúpedo y,
probablemente, un cánido, no es tan grande como, a primera vista,
parece, dado que, en general, cuando se nos pide que imaginemos
un animal, todos solemos elegir un cuadrúpedo). Observe el lector la
fotografía general de las pinturas, que nosotros reproducimos en
“negativo”, ya que en el original el fondo es oscuro y los dibujos
blanquecinos. La inversión de tonos es a los efectos de realzar
detalles. En la toma los distintos elementos aparecen numerados en el
original para su análisis por separado. En la foto general inferior,
Risi ha marcado el lugar que ocuparía el plano de la eclíptica. A
continuación, el autor identifica los elementos de la Fig. 1 como una
estrella de cinco puntas y a su derecha y abajo lo que sería, para él,
un cometa o un bólido. En la Fig. 2 vemos la luminaria (Luna o Sol) con
un halo. Risi nos dice que el polvo de regiones desérticas como las
cercanas al sitio de la cueva, frecuentemente produce halos alrededor de
la Luna al ser elevado por los vientos y quedar en suspensión. En la
Fig. 3 vemos, por último, una serie de imágenes que el autor nos
describe como (cito textualmente): “…una secuencia de cinco objetos
tipo asteriscos de 11 puntas, probablemente la representación de un
objeto brillante moviéndose en el cielo. Resulta interesante lo
destacado del segundo asterisco de la derecha. Esto sugiere la
posibilidad de un registro en un aumento súbito de brillo de una
estrella, como puede ser una Nova, Supernova o una estrella variable de
otro tipo. De confirmarse esta hipótesis, se trataría de la observación
astronómica registrada más antigua de la región.
Otra interpretación
podría ser que el aumento de tamaño del asterisco marca una posición
determinada del objeto en el cielo. Esto está evidentemente relacionado
con el dibujo de abajo que podría tratarse de una representación
esquemática de un maíz.”
A continuación el Sr.
Andrés Risi expresa que quizás esa parte del mural haría referencia a
fechas de cultivo o tal vez de la llegada del maíz de otros lugares,
para finalmente decir que: “...los objetos de la izquierda del
supuesto maíz podrían ser otros objetos de intercambio”.
Risi no establece en
ninguna parte del texto que a su juicio o el de algún otro especialista
las pinturas tengan un sentido general, es decir, que relaten una
historia. Para mí, en cambio, desde la primera vez que vi los dibujos,
una historia inquietante comenzó a tomar forma:
En primer término, lo
que para Risi es un cometa o un bólido, para mí es claramente una
flecha que partiendo de la gran estrella de 5 puntas indica su caída.
La flecha apunta desde la parte “Este” de la pared hacia una zona,
abajo a la derecha, donde se ven unos dibujos (que Risi no menciona) que
para mí representan las huellas de un ave de 3 dedos, casi con certeza
de ñandú (nuestro ñandú tiene 3 dedos, a diferencia del avestruz
africano que sólo tiene 2). Es sabido que para los Patagones y otros
indios de nuestras regiones la Cruz del Sur era vista como la gigantesca
huella de la pata de un ñandú en el cielo (para los Guaraníes, en
cambio, la Cruz era la cabeza de una de esas aves, de la que la Vía Láctea
constituía el cuerpo). Partiendo de este dato y considerando que hay
varias de esas huellas, creo que sería lógico suponer que la flecha
indica que la “estrella” cayó
desde el noreste hacia la región “donde deja sus pisadas el ñandú”,
esto es, en términos generales, hacia el Sur. Luego viene la parte de
los 5 asteriscos, el maíz, etc. (fig. 3). Para mí los asteriscos
representan el Sol. En primer lugar están situados sobre el plano de la
eclíptica. En segundo término tienen, todos ellos, entre 11 y 13
puntas o rayos (yo cuento 12 o 13 en las fotografías). Es obvio que si
el año tiene unas 13 lunaciones podemos hablar del “Sol de cada
lunación” (en nuestros términos el Sol de cada mes), y decir que hay
“ unos 13 soles” distintos en un año. En mi opinión, ésa es la
parte cronológica de las pinturas, la que fija cuándo sucedió lo que
se relata: el Sol más grande sería el del día- o, más probablemente,
el de “los días”- en que los objetos arrojan menor sombra y
el sol está más alto e intenso y los días son de mayor duración (sería
poco probable que un pueblo primitivo y pre-literario hubiera podido
determinar el día “exacto” del solsticio, aunque
no podemos, tampoco, descartarlo totalmente: quienes hicieron
las pinturas eran, de acuerdo a lo que surge del análisis, tanto de
Risi como mío, gente observadora e inteligente, escrupulosos a la hora
de registrar y describir una observación por medio de dibujos,
condiciones, éstas, excelentes para la adquisición de conocimiento del
mundo circundante. Habiendo seguido, a través de generaciones
sucesivas, la variación anual del largo de la sombra de los árboles
y/o estacas, bien podrían haber determinado, al menos con buena
aproximación, el día de la altura máxima del sol sobre el horizonte).
Si “leemos” los soles en el sentido en que van saliendo desde
el Este con respecto a la orientación de la pared de la gruta,
abarcamos desde el primer Sol antes del solsticio de Capricornio
(aproximadamente noviembre) hasta el tercero luego del mismo
(aproximadamente marzo). Ese es, más o menos, el largo período en que
madura y se cosecha el maíz en nuestras latitudes, lo que haría
comprensible la inclusión de su símbolo. Consideremos, a continuación,
los dibujos a la izquierda del maíz que Risi describe como: “...
otros objetos de intercambio”. Son difíciles de interpretar si los
miramos tal como están, pero invito al lector a ver la misma Fig. 3
invertida cabeza abajo: ¡ Aparece con toda claridad la figura de un árbol
con sus raíces expuestas! Hay alrededor de algunas de éstas unos
trazos que parecen los contornos de raíces pero sin rellenar de
pintura. Para mí son, evidentemente, los huecos que dejan en la tierra
las raíces al arrancarlas. ¿Para qué, entonces, dibujaría alguien un
árbol cabeza abajo con las raíces expuestas y los huecos dejados en la
tierra sino para indicarnos que: “un árbol cayó arrancado de raíz”?
Al llegar hasta aquí en mis especulaciones encuentro algo que me
molesta: si se nos relata que un meteorito cayó hacia el Sur y arrancó
un árbol ¿porqué sería tan impreciso el cronista al datar un
acontecimiento que, obviamente, sucedió en un solo momento situándolo,
no obstante, en un período tan extenso como el del cultivo del maíz?
Me inclino a pensar, entonces, que el suceso acaeció puntualmente en
“el tercer Sol” luego del solsticio (aproximadamente marzo). ¿Y
porqué incluír el maíz? Luego de mucho reflexionar me di cuenta: el
maíz estaría allí como calificativo de cantidad. Para quienes
probablemente tenían un sistema de numeración muy limitado (contarían,
tal vez, con los dedos de las manos) el número de granos de una mazorca
de maíz no podía ser contado y se transformaría en sinónimo de
“incontable”. En nuestra cultura, para expresar que algo se halla en
enormes cantidades, solemos utilizar expresiones tales como: “…son
tantos como estrellas tiene el cielo”, o bien “…son incontables
como los granos de la arena de una playa”, etc. Quizás ellos
utilizaban para esa comparación algo tan fundamental en su realidad y
experiencia diarias como el maíz. Podríamos suponer que esa parte de
la historia relatada por los pictogramas reza así: “…cayeron árboles
arrancados de raíz, tantos como los granos del maíz” (incontables!).
Como consecuencia, la inclusión en los dibujos de una Luna (o un Sol)
que sale luego por varias veces circundada por un halo de polvo, se hace
más comprensible (recordemos las noches claras y los soles y lunas
con halo, en buena parte de Europa, luego del acontecimiento de
Tunguska, en Siberia, el 30 de junio de 1908) y la historia relatada en
los pictogramas cobra una dimensión inesperada, planteándonos la
excitante posibilidad de un acontecimiento “tipo Tunguska” al Sur de
Mendoza hace 2000 años. También podrían cobrar mayor sentido las
nubes dibujadas entre las constelaciones (¿nubes noctilucentes?) y el
ave volando en un cielo nocturno (ver fotos). La historia relatada en la
pared de esa fascinante cueva (¡la que me encantaría visitar alguna
vez!) podría quedar, finalmente, como sigue: “En el tiempo del tercer
Sol, luego del Sol de los días más largos (¿marzo?) ,cayó una gran
estrella del noreste hacia la región donde deja sus pisadas el ñandú
(hacia el Sur). Muchos árboles cayeron arrancados de raíz, tantos como
el maíz granos tiene (innumerables). La Luna (y/o el Sol) salió luego,
varias veces, circundada por un halo (¿por el polvo levantado por el
impacto?). También hubieron noches con nubes luminosas (¿nubes
noctilucentes?) y las noches fueron tan claras que algunas aves se
aventuraban a volar”.
Por último, la parte
de los pictogramas que, a mi juicio, es cronológica, es decir, que
intenta fijar temporalmente el acontecimiento, podría estarnos
indicando, no el Sol de la tercera Luna (el tercer mes) luego del
solsticio, sino, literalmente, el tercer Sol (el tercer día). Con lo
que tendríamos que el hipotético meteorito pudo haber caído el tercer
día luego del solsticio de Capricornio (el cual ocurre alrededor del 21
de diciembre), es decir, que una
“estrella” que venía del noreste podría haber caído en la
Argentina alrededor del 24 de diciembre, víspera de Navidad de nuestro
actual calendario, de un año no determinado de los principios de
nuestra era!!! (Para la datación de los objetos arqueológicos que
sirvieron, a su vez, para datar indirectamente las pinturas, ignoro qué
método se utilizó, pero el más preciso de todos, el del
carbono 14, tiene un margen de error de unos 100 años en más o
en menos). No podemos, sin embargo, caer en la tentación de la
asimilación “fácil” de este objeto, hipotético por otra parte,
con aquella “estrella del Este” tan familiar en las tradiciones de
nuestra cultura y suponer que el “quinto evangelista” fue un
“escriba” indio de lo que hoy es la Provincia Argentina de Mendoza.
La imaginación se nos quiere volar, a veces, pero tenemos que
mantenerla en tierra (Ver, a este respecto, el interesante artículo
“La Estrella de Belén” de Isaac Asimov – “Star in the East”,
Fantasy and Science Fiction, Dec. 1974, con traducción castellana de César
Terrón publicada por editorial Bruguera – así como “Thoughts on
the star of Bethlehem”, por Roger Sinnott, en el número de diciembre
de 1968 de Sky and Telescope).
Para finalizar quisiera
señalar que en el mismo número de “Universo” se publica un jugoso
artículo de Oscar Turone de la Sociedad Meteorítica Argentina, sobre
“el meteorito Caperr” hallado en 1896 por el perito Francisco Moreno
en la Patagonia (a unos pocos cientos de kilómetros al Sur de la
“Gruta del Indio”!!!). Siguiendo las indicaciones de un relato
de los indios Tehuelches recogidas por el explorador inglés George
Chaworth Musters en 1869 de que unas leguas al Este del sitio del
“Combate de Senguer”: “...hay en medio de un llano desierto
una masa de hierro...”
Tampoco quisiera, en este
caso, dejarme llevar por la tentación de asimilar al “Caperr” con
el hipotético objeto cuya caída, a mi juicio, relatan los pictogramas
como acaecida “hacia el Sur” de la gruta, aunque creo que no sería
mala idea afinar la puntería (si es que esto es posible) en la datación
de la caída del meteorito Caperr (actualmente en el Museo de la Plata)
así como en la datación “directa”, mediante la técnica
del Carbono 14, de la grasa animal que, según nos dice Andrés
Risi, sería el fijador de los tintes minerales usados en las pinturas.
Soy consciente de que la datación por Carbono 14 es una técnica
destructiva, pero podría seleccionarse, a estos efectos, un pictograma
que estuviera repetido muchas veces, como el que yo interpreto como
“patas de ñandú”. Y, aún así, el pictograma removido podría
restaurarse luego para no alterar el aspecto general del mural. Creo que
sería interesante, además, buscar en la Argentina (¿o en Chile?) si
existe, al Sur de la Gruta, algún sitio que pueda ser candidato a ser
el escenario del suceso que creo describen las pinturas : ¿Podría
identificarse el lugar luego de 2000 años? (Si la datación actual es
correcta). Si en Tunguska, luego de tan sólo 100 años, los pocos
vestigios están tan deteriorados ¿podría reconocerse Tunguska como un
sitio de impacto dentro de 2000 años? Quizás deberíamos buscar “un
llano desierto”, o un lugar donde haya árboles caídos, petrificados
,en número inusual, o con una alineación inusual. También podría
ser útil explorar un mapa de composición de suelos de la República
Argentina, de modo de detectar lugares sospechosos por su composición
mineralógica. Estoy, a
estas alturas, casi totalmente convencido de que un ser humano se tomó
el trabajo de dejarnos un mensaje hace varios siglos. Quería que su
testimonio no muriera con su memoria y la de su gente y lo plasmó en la
roca. Deseaba toda nuestra atención y nuestra confianza. A mi juicio
merece ambas: ¡El caso debería investigarse!
Notas:
1-
En algunas fotografías se aprecia una sucesión de elementos
cuadrangulares de color blanco: Se trata de una regla arqueológica para
medir las figuras. Cada pequeño
rectángulo mide dos centímetros de largo.
2-
Es interesante notar que, de ser correcta la interpretación aquí
propuesta, no sólo tendría obvias consecuencias en Arqueoastronomía,
sino que, también, tendría derivaciones antropológicas: De confirmarse
el uso del pictograma del maíz como símbolo de “cantidad enorme e
incontable”, esto implicaría que estamos siendo testigos de la
incipiente gestación de un sistema de escritura ideográfico. De ser esto
cierto, se nos plantearían una serie de interrogantes: ¿Porqué dicho
sistema no siguió evolucionando? ¿Su desarrollo se detuvo espontáneamente?
¿Se detuvo, quizás, por la transculturación que sobrevendría luego con
el contacto con los europeos? (Esta última explicación supondría que
las pinturas son mucho más recientes de lo que se acepta, no habiendo
tenido, entonces, ese naciente sistema de escritura, tiempo suficiente
para desarrollarse. Insisto, por tanto, en la necesidad de una datación más
precisa de los dibujos rupestres).
3-
Agradezco al Dr. Gonzalo Tancredi, miembro del Departamento de
Astronomía del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias de la
Universidad de la República (Uruguay), Presidente en ejercicio de la
Sociedad Uruguaya de Astronomía y
miembro directivo de la Spaceguard Foundation, por haber recibido y leído
el Memorando conteniendo el presente trabajo, así como por sus
comentarios sobre el mismo.
4-
Agradezco al Dr. Tabaré
Gallardo, miembro, también, del Departamento y la Sociedad arriba
mencionados, por sus comentarios y sugerencias.
5-
Agradezco, particularmente, al Sr. Andrés Risi, por su autorización
para hacer uso de las fotografías de las pinturas rupestres de la Gruta
del Indio, así como por sus comentarios y sugerencias que son,
seguramente, el comienzo de un fecundo intercambio de ideas e información
sobre este tema.
Bibliografía
utilizada:
“Posibles Objetos Astronómicos en Pinturas Rupestres al Sur de Mendoza
(Estudio Preliminar)”- Andres Risi
(Revista “Universo”LIADA Nº49,
Abril de 2002, Volumen 22, P.6)
“Between
The Planets”- Fletcher G. Watson (The Harvard Books On Astronomy, The
Blakiston Company Publisher, Philadelphia 1941)
“Journey
To Tunguska”- Roy Gallant (Sky
& Telescope , June 1994, P.38)
“Star In The East”- Isaac
Asimov ( Fantasy And Science Fiction, Dec.1974)
“La
Cruz Del Sur”- Prof. Hebert Pistón Rodríguez (Revista “Red de
Observadores del Uruguay” Nº47 Noviembre 1996, P.4)
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